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La Samaritana, una mozuela con siglo y medio de vida


Durante siglos, cuando un viajero llegaba a Zaragoza y preguntaba por una fuente le debían mirar con cara rara. ¿Una quéeeeeee? Aquí había pozos en las casas, que para encontrar el agua del Ebro había que excavar poco, y punto. Pero claro, cuando los franceses conquistaron la ciudad después del segundo Sitio debieron arrugar el mostacho mientras se decían: “C’est pas possible. Pas de fontaines?“. Y eso que era febrero y no sabían aún lo que habían de sudar por estas tierras. El caso es que se pusieron en marcha, que nuestros vecinos son gente eficiente, pero las cosas estaban como estaban y entre que se ponían y no se les acabó la guerra y tuvieron que salir por pies, dejando las cosas a medio hacer. ¿Sabéis cuál fue la primera fuente que hubo en la ciudad? Pues la de Neptuno, que ahora está en el parque pero que primero estuvo en la plaza de España. Pinchad aquí si queréis conocer su historia.

¿Dos monumentos son demasiado para una plaza?

Unos 70 años duró en aquel lugar, pues cuando a principios del siglo XX se construyó el monumento a los mártires, la religión y la patria le dieron la patada y fue a parar a un almacén hasta que aterrizó en el parque grande, que es donde han acabado muchos de los monumentos viajeros de nuestra ciudad. ¿Todos? Pues no, todos no. En 1863, cuando todavía las fuentes eran una rareza en Zaragoza, de los recién inaugurados talleres de fundición de Antonio Averly, llegado de Lyon (Francia, de toda la vida), salió la fuente de la Samaritana. ¿Y dónde se colocó? Pues como vale más una imagen que mil palabras, aquí van dos, ni más ni menos.

Plaza de la Seo, irreconocible

Si os fijáis bien en la foto, la Samaritana y los árboles no son lo único que ha desaparecido de la plaza. El arco que unía el palacio arzobispal y la Seo también, y no hace tanto de eso: en 1969, como quien dice antesdeayer.

La Samaritana, tan airosa ella, frente a los balcones del señor arzobispo

Eso sí, la Samaritana se había marchado unos años antes. Primero se la llevaron a pasar una temporada al parque Bruil, a que viera mundo, y después… le buscaron acomodo definitivo en la plaza del Justicia (aunque eso de definitivo nunca se puede decir en una ciudad como ésta, en la que los monumentos viajan sin parar). Y ahí lleva cuarenta y tantos años luciendo tipo y viendo la vida pasar.

¿Quién diría que pesa 650 kilos de ná?

Por cierto, eso de Samaritana… más bien parece una ninfa de las aguas o algo por el estilo, pero claro, en un país tan católico como era el nuestro hace 150 años… “Chico, Mariano, ¿que no te recuerda a la Samaritana dándole de beber a Nuestro Señor en el pozo de Jacob?” “Ay, Pilar, no sé qué te diga, ¿tú crees, tan descocada, enseñando los hombros como va?” “Que sí, que te lo digo yo, que en Tierra Santa debe hacer un calor de no poderse aguantar” “Ay, chica, un poco fresca y desahogada la veo, pero si tú lo dices…“. Y la cosa iría rodando, rodando… y Samaritana se quedó.

Además de la Samaritana salieron de los talleres de Averly miles y miles de piezas y esculturas que son historia de Zaragoza. En este momento Averly está en peligro y puede desaparecer.  Una constructora ha comprado los terrenos y planea levantar en ellos 200 pisos, con lo que un lugar absolutamente único, una joya del patrimonio zaragozano, está en riesgo (entra aquí para saber más). Sólo se salvaría la casa de la familia y la puerta que da hacia el paseo María Agustín, que es la parte catalogada como Bien de Interés Cultural, pero las naves de la fábrica, en las que se ha detenido el tiempo, desaparecerían para siempre.

Estamos absolutamente en contra de que esto ocurra. Podemos comprender que la familia necesite vender; podemos entender que la situación sea la que es, con los presupuestos de las administraciones públicas bajo mínimos; pero lo que de ninguna manera podríamos entender es que el Ayuntamiento de Zaragoza y el Gobierno de Aragón asistieran de brazos cruzados a lo que, sin ninguna duda, sería la pérdida más importante en el patrimonio de nuestra ciudad desde hace décadas (probablemente desde que se hundió la capilla de la antigua Universidad de la plaza de la Magdalena). Por eso creemos que es necesario que los ciudadanos presionemos a las instituciones para entre todos salvar Averly. ¿Qué podemos hacer? Pues de momento, demostrar que somos muchos los que estamos en contra de esta barbaridad:

  • Si estás en Facebook, hemos creado una página llamada “Amigos de Averly”. Puedes entrar en ella y pinchar “me gusta” para estar al tanto de todo lo que se vaya organizando.
  • También se ha creado una campaña de recogida de firmas. Sabemos que todo el mundo está un poco saturado de este tipo de cosas y que somos muchos los que empezamos a creer que sirven de poco, pero creemos que es muy importante recoger un número importante de firmas para poder presionar con ellas a la administración. Si quieres dejar la tuya, entra aquí.

En los años 70 la ciudad de Zaragoza se movilizó para salvar el Mercado central, y lo logró. Ahora nos toca emular a los zaragozanos de hace casi 40 años para salvar Averly. No podemos permitir que nuestro patrimonio siga desapareciendo y dejándonos huérfanos de nuestra historia.

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